Tribunal

Erase una vez un sufi que  iba a ser juzgado por un tribunal por erosionar las creencias de la gente al escribir y decir cosas inquietantes que, de acuerdo a los juristas, deberían reservarse para mentes superiores.

Ya que era un hombre de gran importancia, se acordó que podría designar el tipo de personas, aunque no los individuos específicos, que deberían componer el tribunal para juzgar su caso. El sufi estipuló que debería ser los siguientes:
– Un erudito, sin la túnica de su maestro, que aceptase que sus propios escritos carecían de autoridad; un derviche cuyo orgullo le hiciese rechazar dinero debido a que corrompía en vez de ser capaz de desapegarse de sus efectos corruptores; un carnicero que no hubiese probado carne durante tres meses; un rey que pudiese gobernar sabiamente sin consejeros; un cargo público a quien no le gustase que le mostrasen respeto.
Esto fue, según cuentan, hace cien años y el tribunal aún no se ha reunido.