Siervo de Dios

Alguien cogió una fruta de un árbol y se la comió. El dueño de la propiedad le dijo:
-¿Por qué has cometido algo ilícito? ¿No temes a Dios?
-¿Por qué habría de temerlo? – respondió el que se había comido la fruta – el árbol es de Dios y yo soy un siervo de Dios que come del árbol de Dios?
-Espera y te daré la respuesta que mereces – dijo el propietario.
Entonces hizo que ataran al hombre a un árbol y le dieran una buena paliza.
-¿No temes a Dios por hacerme esto? – dijo el hombre
-¿Por qué debería temerlo? – respondió el dueño – tú eres el siervo de Dios, y este … ¡este palo, que es de Dios, está siendo utilizado para pegar al siervo de Dios?.