Ser sabio

Había una vez un joven que buscó a un derviche y le dijo:- Deseo ser sabio, ¿cómo puedo alcanzar mi deseo?El derviche lanzó un gran suspiro y respondió:- Había una vez un joven como tú. Deseaba ser sabio y este deseo era muy poderoso. De repente, un día se encontró sentado, como yo lo estoy con un joven como tú, sentado frente a él, preguntando: ¿cómo puedo ser sabio?

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Bondadoso

Cierto maestro entregó a su discípulo una carta con indicación de no abrirla hasta después de la muerte del mentor. Entonces debía enseñarla al sucesor de aquél. La carta decía:- No he sido bondadoso con este discípulo.Al conocer el contenido, el discípulo se sintió anonadado de pesar y dijo:- Fue tan generoso que juzgó, en comparación con la mayor bondad posible, como una crueldad la gran bondad que me prodigó.Un año después, el sucesor llamó nuevamente al discípulo a su presencia y le pidió que volviese a comentar la carta.- Ahora entiendo que las palabras "no he sido bondadoso", eran correctas. El ser humano común muestra amistad cuando no tiene nada más valioso que dar; ¿qué necesidad tiene de obtener bondad o crueldad de un Dispensador de Tesoros? Si el esclavo del sultán regala oro, ¿qué más da que sonría o frunza el ceño mientras lo hace?- El hombre bien intencionado quizás reparta golosinas; el médico da medicinas curativas, sin importar que se las encuentre amargas o dulces.

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Necesidad

Esta es la historia de un hombre que afirmaba desde la infancia la libertad de su espíritu: no dependía de ninguna escuela ni creía en ningún dios. Una vez el hombre de espíritu férreo desapareció y fue encontrado años mas tarde entregado totalmente a un santo que vivía apartado del mundo y al que servía con una sonrisa: le llenaba la pipa y le daba agradables masajes en las piernas. Un amigo de antaño fue a visitarle y se sorprendió de tal servidumbre. - ¿Cómo has podido perder la libertad a la cual te aferrabas con tanta fuerza? - No la he perdido. Incluso la he aumentado - contestó.- No entiendo. Ese hombre estira las piernas hacia ti y tu le das un masaje... - Claro está, pero dicho servicio no le hace falta. Sería vergonzoso que me lo pidiese si sólo fuese en su provecho y que yo le obedeciese. Pero soy yo quien lo necesita.

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Decisión

Un poderoso sultán viajaba por el desierto seguido de una larga comitiva que transportaba su tesoro favorito de oro y piedras preciosas. A mitad de camino, un camello de la caravana, agotado por el ardiente reverbero de la arena, se desplomó agonizante y no volvió a levantarse. El cofre que transportaba rodó por la falda de la duna, reventó y derramó todo su contenido de perlas y piedras preciosas, entre la arena.El sultán, no quería aflojar la marcha; tampoco tenía otros cofres de repuesto y los camellos iban con más carga de la que podían soportar. Con un gesto, entre molesto y generoso, invitó a sus pajes y escuderos a recoger las piedras preciosas que pudieran y a quedarse con ellas.Mientras los jóvenes se lanzaban con avaricia sobre el rico botín y escarbaban afanosamente en la arena, el sultán continuó su viaje por el desierto. Se dio cuenta de que alguien seguía caminando detrás de él. Se volvió y vio que era uno de sus pajes que lo seguía, sudoroso y jadeante.- ¿Y tú - le preguntó el sultán - no te…

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El molino, el Sultán y las aspas que no giran

Un día, mientras paseaba a caballo por sus tierras, el Sultán vio un molino de viento cuyas aspas no giraban. Furioso llamó al molinero y le dijo: - ¿Por qué no gira este molino? - Porque no hay viento - le contestó el molinero. - ¡Un molino de viento está hecho para girar! ¡Exijo que gire! ¡Apáñatelas como puedas! ¡Mañana volveré y pobre de ti si no me has obedecido! El Sultán regresó al día siguiente. El molino seguía sin girar. Entonces le gritó al molinero: - ¿No entendiste lo que te dije ayer! - Si, Excelencia, claro que entendí. - ¿Y? - Y le di la orden al molino. - ¿Y entonces? - Entonces el molino me escuchó y me contestó. Me dijo "Estoy listo para obedecer. Pero ve a decirle al Sultán, que es más poderoso, que le ordene al viento que sople" - Justo ahora iba a ponerme en camino para pedírselo - dijo el Sultán

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Fantasmas

Un día, al caer la tarde, dos desconocidos se encontraron en los obscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío uno de ellos dijo- Este lugar es siniestro, ¿usted cree en los fantasmas?- Yo no - respondió el otro - ¿ y usted?- Yo sí - dijo el primero - y desapareció.

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Espinacas

No me gustan las espinacas y estoy muy contento. Porque, si me gustasen, me las comería y no puedo soportarlas.

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El rey transformado en mujer

Un rey, por no se sabe bien qué maldición, fue muy duramente castigado. Los dioses ofendidos lo convirtieron en mujer y lo obligaron a exiliarse en el bosque, y así lo hizo.En el bosque, tras algunas semanas errando y mendigando, el rey-mujer se encontró con un joven y fuerte leñador que vivía solo. Ambos se vieron y rápidamente se sintieron poseídos por el amor. Se unieron, vivieron juntos, incluso tuvieron hijos.Cuando el periodo de maldición se hubo cumplido, el rey se convirtió de nuevo en hombre. El leñador se quedó anonadado al ver que su mujer se había convertido en su rey. Éste dejó al leñador, dejó a sus hijos y regresó a palacio. Fue recibido con gran júbilo porque, a pesar de la causa mal conocida que le había acarreado la maldición, gozaba de una reputación de gran bondad y verdadera justicia.En cuanto se supo su regreso acudieron todos los sabios de la India. Él era el único que podía responder a una pregunta hecha desde el principio del mundo y que hasta entonces sólo había recibido respuestas aproximadas. La pregunta…

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Consuelo

Un día le robaron el burro a Nasrudín. Todos sus amigos se pusieron a echarle la culpa es vez de consolarle.- Debías de echarle la llave a la puerta del establo...- ¿No has oído ningún ruido?- ¿Seguro que no lo tenías bien atado...?Nasrudín no aguantó más:- ¡Basta! - repuso - me echáis toda la culpa a mí, ¡por piedad! ¿no tenía ninguna culpa el ladrón?

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Nasrudín y la carta

Un iraní recibió una carta de su país, se la llevó a Nasrudín y le pidió: - Maestro, hágame el favor de leerme la carta.Nasrudín examinó la carta y vio que la letra era ilegible, además escrita en persa. Se la devolvió al iraní diciendo:- Llévesela a otra persona.Cuando el iraní insistió, Nasrudín le repuso:- Pero yo no conozco la lengua persa y aunque estuviese escrita en turco tampoco podría leerla, porque es letra ilegible.Entonces el iraní se puso furioso:- Te haces el erudito con ese turbante tan grande y con esa toga tan larga, y sin embargo ni siquiera llegas a leer una carta sencilla.Nasrudín se quitó el turbante y la toga, los puso delante del iraní y le dijo:- Si es solo por el turbante y la toga, ¡póntelos y lee la carta tu mismo!.

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