Nasrudín y el loro

Una vez fue subastado un loro en el Gran Bazar de Estambul por la cantidad de dos mil monedas, éste era el precio dado su increíble y amplio vocabulario. Cuando Nasrudín, que solía enseñar por medio del humor, vio esto y quedó totalmente asombrado.Al día siguiente decidió llevar a su pavo, que era grande y feo, a la plaza del mercado. La mejor oferta que recibió fue de seis monedas, así que Nasrudín animó a la multitud a que subieran más porque su ave era más grande que el loro que habían vendido por dos mil monedas. Alguien gritó: -¡ Aquél era un hermoso loro que podía hablar exactamente igual que un hombre ! -¡ Este es un hermoso pavo que puede pensar igual que un hombre ! - dijo Nasrudín

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Insignificancias

Nasrudín comenzó a charlar con algunos amigos. Uno de ellos, de repente, le preguntó por su mujer: -¡Ah, mi mujer! Se ha quedado en casa. -¿A qué se dedica? - preguntó el otro.Nasrudín se encogió de hombros y le dijo: -Insignificancias, cosas sin importancia, pequeñas cosas sin trascendencia alguna. Se encarga de llevar a cabo las tareas del hogar, cuida de nuestros hijos y los ayuda a estudiar, va al mercado, hace reparaciones cuando son imprescindibles, como pintar la casa y arreglar lo que se rompe…Saca agua del pozo y riega la huerta, también atiende a su madre enferma y se hace cargo de la mía; a veces visita a su hermana y le ayuda con los niños…. cosas así, pequeñas cosas sin trascendencia. -¿Y tú que haces? - le preguntó otro de los reunidos. -¡Ah amigos, yo soy verdaderamente importante, claro! Yo soy el que investiga si Dios existe.

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Dos ranas

Dos ranas cayeron en un recipiente con leche. - Sigue nadando - dijo una rana a otra - saldremos de alguna manera. - Es inútil - chilló la primera - es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para saltar, demasiado resbaladizo para arrastrarse. Como de todas maneras hemos de morir algún día, mejor que sea esta noche.Así que dejó de nadar y pereció ahogada. Su amiga siguió nadando y nadando sin rendirse. Y al amanecer se encontró sobre un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí estaba, sonriente, comiéndose las moscas que acudían en bandadas de todas direcciones.

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Indigente

Un mono dijo una vez a un hombre: - ¿No adviertes cuán indigente estoy? No tengo casa, ni ropa, ni comida excelente como tú, ni ahorros, ni muebles, ni tierras, ni objetos de adorno; nada en absoluto. Tú en cambio, posees todas esas cosas y muchas más. Además, eres rico. El hombre avergonzado, entregó al mono todo cuanto tenía, convirtiéndose en un mendigo. Una vez que el mono hubo tomado posesión legal de todos los bienes, el hombre le preguntó: - ¿Y ahora, qué piensas hacer con todo eso? El mono contestó: - ¿Por qué habría de hablar yo con un tonto indigente como tú?

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Zorro y Conejo

Érase una vez un zorro que se encontró a un joven conejo en el bosque. El conejo preguntó: - ¿Qué eres tú?. El zorro respondió: - Soy un zorro y podría comerte si quisiera. - ¿Cómo puedes probar que eres un zorro? - preguntó el conejo. El zorro no sabía qué contestar, porque en el pasado los conejos siempre habían huido de él sin plantearle cuestiones de este tipo. El conejo dijo: - Si me puedes mostrar una prueba escrita de que eres un zorro, te creeré. Así pues, el zorro acudió al león, que le dio un certificado de que era realmente un zorro. Cuando volvió, el conejo estaba esperando y el zorro empezó a leer el documento, habiendo captado lo esencial del mensaje, el conejo se metió rápidamente en su madriguera y nunca volvió a ser visto. El zorro regresó a la guarida del león, en donde vio a un ciervo conversando con él. El ciervo estaba diciendo: - Quiero ver una prueba escrita de que eres un león... El león le dijo: - Cuando no tengo hambre, no necesito molestarme. Cuando tengo hambre, no necesitas nada por escrito. El zorro…

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Tardaste mucho

Dos hombres caminaban por un campo en la India; el más anciano dijo: - Estoy cansado. Por favor, ve a buscar un poco de agua de los pozos que se ven al otro lado del arrozal. Te espero a la sombra de estos árboles.El muchacho cruzó el campo y se encontró con una muchacha que estaba llenando un cántaro. Se sintió atraída por ella y, suavemente, le preguntó su nombre; ella respondió con una sonrisa. Más tarde le propuso llevarle la vasija hasta el pueblo y ella aceptó. En la aldea fue invitado a comer en casa de la joven; conoció a toda la familia y acabó pidiendo la mano de la chica. Se la concedieron y, tras la boda, trabajó como campesino, tuvo hijos y los educó; uno murió de enfermedad. Sus suegros también fallecieron y se convirtió en el cabeza de familia.Pasó el tiempo y su hijo mayor se casó y partió de la casa familiar. Su mujer, con el pelo cano, murió algo después. Él la lloró, pues la había amado mucho.Algunos días más tarde, una inundación devastó el…

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El camino de los perros

Shaqiq Balkhi, el sufi, interrogó a un devoto; - ¿Cómo te desenvuelves en la vida? - Agradecido cuando encuentro lo que necesito; paciente si no se me ofrece nada. - ¡Pero ese es el camino de los perros! - ¿Y cuál es el tuyo? - Si me llega algo, se lo doy a otro, cuando no hay nada, doy gracias a Dios

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La mordida del camello

 Había una vez, a menos de mil millas de aquí, un niño que a pesar de su corta edad, creía yo, tenía gran experiencia en el cuidado de sus ovejas. Sus piernas eran delgadas pero fuertes, los pies que llevaba sin calzar estaban endurecidos- sin duda alguna por el trabajo- y, en su mirada había más luz que la del oro reflejado en las arenas del desierto cuando al descender el sol avisa a los hombres de la proximidad de la noche.Yadir se llamaba el niño. Y siempre en el atardecer bajaba de las montañas con sus animales hasta su pequeña casa, la jornada había sido ardua para él, había llevado a pastar a sus ovejas y, en cambio, en su alforja de lana, no había sino un poco de pan- el necesario para no sufrir hambre- ni más agua que la esencial para refrescar sus labios.Una noche, en una reunión de camelleros Yadir escuchó decir que el hombre que lleva a Dios en su corazón está –“mordido de camello” y que esa mordedura no cicatriza nunca; al principio es dolorosa, después…

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Abeja

Aerodinámicamente el cuerpo de una abeja no está hecho para volar, lo bueno es que la abeja no lo sabe. Idries Shah

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Pensamientos

Nasrudín estaba conduciendo a un amigo en su coche a una velocidad alarmante. De repente, vislumbrando una señal de carretera, el amigo exclamó:- ¡Mulá, vamos en dirección contraria!- ¿Por qué no piensas alguna vez en algo bueno? - dijo Nasrudín - ¡Mira, por ejemplo, a la velocidad que vamos!

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