Llorar

Un asceta árabe, que se llamaba Sabet, se pasaba toda la vida llorando. LLoraba tanto y con tanta fuerza que sus ojos enfermaron. Llamó a un médico y éste, al examinar los ojos de Sabet, le dijo:
-No puedo darte ningún tratamiento eficaz a menos que obtenga una promesa.
-¿Qué promesa? – preguntó el asceta.
-Tienes que prometerme dejar de llorar – dijo el médico.
Entonces el asceta se puso hecho una furia y ahuyentó al médico gritando:
-¿De qué me servirían los ojos si no volviese a llorar?