La deuda

Un hombre estaba diciendo a sus amigos en una casa de té:
-He prestado a alguien una moneda de plata, y no tengo testigos. Me preocupa ahora que niegue haber recibido alguna vez algo de mí.
Los amigos le compadecían, pero un sufí que estaba sentado en una esquina levantó la cabeza de entre sus rodillas y dijo:
-Invítale y menciónale en una conversación delante de estas personas que le prestaste veinte monedas de oro.
-¡Pero yo sólo le presté una moneda!
-Eso es exactamente lo que gritará – replicó el sufí – y todo el mundo lo oirá. Tú querías testigos, ¿no es verdad?