Joven y viejo

Un aspirante a discípulo visitó al sabio Kaka Anwar, al que venía con importantes recomendaciones. Cuando habían compartido una o dos horas sin que el Maestro le hubiese dado el tipo de respuesta que evidentemente deseaba, el visitante dijo:
-Soy un hombre de mucha experiencia en temas ocultos, espirituales y similares, y he visitado a muchos sabios de alta reputación. Tú y yo no hablamos el mismo lenguaje. Debo ser franco, ya que la sinceridad es el alma de la realidad, y te digo que aún eres demasiado joven. No me eres de utilidad.
Siguió su camino y el Maestro no hizo comentario alguno del incidente. Diez años después, habiendo seguido su olfato, leído más libros, perseguido rumores de sabios y asistido a muchos círculos de exhibicionistas, el mismo hombre se encontró de regreso en la casa de Kaka Anwar.
-¿Hay algo que desees? – preguntó el Maestro
-Me ha costado una década de viaje, pero ahora me doy cuenta de que eres tú a quien debería estar siguiendo.
-No lo niego – dijo Kaka Anwar – pero desafortunadamente no hay lugar para ti. Han pasado diez años, durante los cuales yo podía haberte sido de utilidad. Pensaste que era demasiado joven. Ahora me encuentro con que tú eres demasiado viejo. Deberías haberme seguido, pero ahora no puedes, ya no soy de utilidad para ti. Lo que creíste que era cierto entonces, es cierto ahora. Lo que crees que es cierto ahora, era cierto entonces.