El Tesoro

Varios hombres se dirigieron a un Maestro que enseñaba y reclamaron su atención, cada uno compitiendo con el otro para hacer su pregunta o su declaración, u obtener una respuesta. Cuando el Maestro logró poner orden en esta multitud, el primer hombre dijo:
-He estado buscando durante muchos años  y no he encontrado nada.
El segundo hombre dijo:
-He encontrado placer en la búsqueda; ¿es éste su propósito?
El tercer hombre dijo:
-Algunas veces dudo de mí, algunas veces de los Maestros, algunas veces de la Verdad misma.
El Maestro respondió:
-Puede haber cien preguntas, pero hay una sola respuesta, y ahora os daré la información para todos:
«Había una vez un número de personas que se sintieron atraídas al propósito de excavar en busca de un tesoro. Tomaron toda clase de herramientas y fueron al lugar donde estaba enterrado el tesoro y comenzaron a trabajar.
Algunos se cansaron muy fácilmente, lo que les hizo sentir que la tarea quizás no valiese la pena.
Algunos encontraron pequeños fragmentos de pucheros de arcilla, y a veces pensaron que éste debía ser el tesoro mismo.
Algunos disfrutaron, por primera vez, de los placeres del trabajo duro.
Otros miraron al barro y las piedras y se angustiaron por su abundancia, porque era gente que se descorazonaba fácilmente.
Y había otros muchos hombres y mujeres que sintieron diferentes cosas, porque le habían impuesto una duración o una fórmula de trabajo, y cuando el plazo expiraba, se veían víctimas del desengaño y la agitación.
Aquellos que persistieron encontraron el recipiente que contenía el preciado tesoro.
Aquellos que fueron víctimas de la confusión y el debate no lo hicieron.
Los confundidos pasaron el resto de sus días buscando información y explicaciones.
Los agitados y engañados se tambalearon de un sabio a otro, preguntando cómo podían conocer el tesoro, cómo podían buscarlo y cómo podían encontrarlo. Los sabios, al unísono, les dijeron que no podían hacer ninguna de estas cosas a menos que fuesen como los que habían tenido éxito.
La gente exigía éxito, no guía. Estaban convencidos de poseer desde el principio, la mente, el cuerpo y el espíritu que les capacitaría para llevar su propósito a una fructífera conclusión»