El niño que no hablaba

Era un niño que no hablaba. Todos los exámenes médicos llevaban a la misma conclusión: gozaba de una salud excelente, sus cuerdas vocales estaban perfectas, la razón de su mutismo era desconocida.
El niño creció bien formado y vigoroso, pero seguía sin hablar. Cursó sus estudios como pudo, aprobando los exámenes escritos y suspendiendo los orales, y con motivo. Se le encontró un buen trabajo en el que no necesitaba hablar. Un día, con ventiséis años, estaba tomando té en casa de una amiga de su madre, cuando de repente dijo:
-¿Me puedes dar un poco más de azúcar?
La sorpresa se apoderó de los allí presentes. La madre gritó.
-¿Hablas?
El joven se limitó a asentir con la cabeza.
-Pero ¿por qué no has hablado nunca? – dijo la madre – ¿por qué te has pasado todos estos años en el más absoluto de los silencios?  ¿por qué no has pronunciado una sola palabra?
El joven contestó:
-Porque, hasta hoy, todo iba bien.