Doncella turca

Un mercader persa, que partía para un largo viaje, le pidió a Hiri que cuidara a una doncella turca. Hiri se enamoró de la joven y decidió ver a su maestro, Abu-Hafs, El Herrero. Abu-Hafs le dijo que viajara a Raiyy y allí pidiera consejo al gran Sufi Yusuf al-Razi.
Cuando llegó a Raiyy y preguntó dónde se encontraba la morada del sabio, le dijeron que evitara a ese hombre herético y librepensador. Así que volvió a informar a Abu-Hafs y este le dijo que olvidara las opiniones de la gente y volviera a buscar al Sufi.
A pesar de las opiniones de la gente de Raiyy, fue a donde se encontraba Al-Razi. Allí estaba el anciano, acompañado por un hermoso joven que le ofrecía una copa de vino. Escandalizado, Hiri exigió una explicación de tal conducta al venerable contemplativo.
Al-Razi le explicó que el joven era su hijo y que la copa de vino, que había sido abandonada por alguien, sólo contenía agua. Esta era la realidad de su estado que todo el mundo imaginaba como una vida de disipación. Hiri quiso saber por qué se comportaba de esa manera que la gente interpretaba como herética.
-Hago estas cosas – dijo Razi – para que personas como tú no vengan a molestarme con doncellas turcas.