Consejos

Había una vez un rey que había estado intentando tratar a sus súbditos con una educada amabilidad y el mínimo de control. La gente mostró signos de oposición, y en vez de mostrar cooperación y respeto por la administración, se volvieron quejosos y turbulentos. El rey estaba un día de pie en la murallas de uno de los castillos en medio de estas preocupaciones, cuando vio a un derviche errante con un manto de parches sentado en el suelo al pie de la muralla.
El rey pensó:  Estos derviches tienen la reputación de conocer todos los secretos: no hay perjuicio alguno en buscar su consejo.
Describió el problema al derviche y dijo:
-Quiero un consejo sobre este asunto.
El derviche dijo:
-Te daré no sólo un consejo, sino un par de ellos.
-Gracias – dijo el rey –  pero todo lo que necesito es un consejo.
-En ese caso – dijo el derviche – te diría: si tienes que gobernar,  gobierna
De modo que el rey incrementó el poder de su control sobre el pueblo y los trató con tal severidad que se sublevaron. Muy pronto fue forzado a huir  y a duras penas escapó con vida, disfrazado con un manto derviche. Llegó a un bosque donde, parándose para lavar su rostro en un arroyo, vio al derviche que le había dado el consejo, sentado en contemplación. El rey dijo:
-¡Esto es lo que me ha traído tu consejo!
-¿Te gustaría oír el segundo consejo? – preguntó el derviche.
-No puedo perder nada más, quizá sea mejor oírlo – dijo el rey
-El segundo consejo es que nunca pidas consejo ni actúes según él, sin haber comprobado antes que quien da el consejo, es una persona capacitada