La lección de Mir

El renombrado sabio sufí Baba Saifdar tuvo un discípulo llamado Miri, que solía quejarse de que Saifdar apenas hablaba con él después de haberlo admitido como discípulo suyo.-Me encontraba mucho mejor antes de que me hiciera su alumno - decía - porque entonces por lo menos me trataba como un amigo y podía disfrutar de su compañía.Baba Saifdar, sin embargo, conocía la condición interior de su alumno, pero no aludía a ella en sus escasos encuentros. Prefería esperar la ocasión adecuada para hacerle una demostración efectiva de la relación que mantenían y de su significado.Un día, Miri estaba declarando como testigo en una audiencia pública al aire libre cuando pasó por allí Baba Saifdar. El juez acababa de decirle al testigo:-¿Se acuerda con nitidez de haber visto al acusado en el robo?Miri, dirigiendo la mirada hacia su maestro y acordándose así del ejercicio de “recordar” que había aprendido de él, respondió mecánicamente:-Sí, me acuerdo.Tras esta afirmación de un “testigo ocular”, el supuesto ladrón fue condenado de forma inmediata. Era inocente; y cuando Miri se retractó de aquella identificación, estuvo a punto de…

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Plenitud y lucidez

La presunción de que cualquier persona de valía puede explicarse con plenitud y lucidez en el tiempo que le conceden quienes quieren aprender, o bien es una broma, o bien es una estupidez. Shab-Parak

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Camello sagrado

Los habitantes de un pueblo turco llamado Karatepo, célebres por su simpleza, nunca habían visto un camello. Uno de aquellos habitantes, que había plantado unas sandías hermosísimas, vio aparecer un día un animal extraordinario, muy alto, de color beige, que entró en su jardín y se comió las sandías.-¿Qué animal es ése? -  preguntó el hombre - sólo veo una explicación posible: no es un animal, ¡es el mismísimo Dios!Entonces se postró en medio de su asolado huerto y le dijo  al camello:-Oh, Dios beige de cuello largo y flexible, tú me has dado estas sandías  y ahora me las has quitado. ¿Qué puedo hacer? ¡Bendito sea tu nombre!

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El hombre que dejó su casa

Un hombre se vio obligado a dejar su casa durante unos días para ir en busca de empleo. En su ausencia, el único hijo que tenía enfermó súbitamente y murió. Cuando el hombre regresó a su hogar, su esposa, deshecha en lágrimas, le dio la amarga noticia. Pero el hombre permaneció extraordinariamente sereno y ecuánime. La esposa no podía salir de su asombro e indignación. Comenzó a increparle agriamente su actitud. El hombre la tranquilizó y luego explicó:-Querida, la otra noche soñé que tenía siete hijos y que con ellos mi vida estaba llena de satisfacción y felicidad. Sí, realmente, yo era muy feliz con mis hijos. Al despertarme, de pronto, los perdí a todos. Ahora te pregunto: ¿Por quién debo afligirme? ¡Por los siete hijos o por el que hemos perdido?

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El niño que no hablaba

Era un niño que no hablaba. Todos los exámenes médicos llevaban a la misma conclusión: gozaba de una salud excelente, sus cuerdas vocales estaban perfectas, la razón de su mutismo era desconocida.El niño creció bien formado y vigoroso, pero seguía sin hablar. Cursó sus estudios como pudo, aprobando los exámenes escritos y suspendiendo los orales, y con motivo. Se le encontró un buen trabajo en el que no necesitaba hablar. Un día, con ventiséis años, estaba tomando té en casa de una amiga de su madre, cuando de repente dijo:-¿Me puedes dar un poco más de azúcar?La sorpresa se apoderó de los allí presentes. La madre gritó.-¿Hablas?El joven se limitó a asentir con la cabeza.-Pero ¿por qué no has hablado nunca? - dijo la madre - ¿por qué te has pasado todos estos años en el más absoluto de los silencios?  ¿por qué no has pronunciado una sola palabra?El joven contestó:-Porque, hasta hoy, todo iba bien.

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La deuda

Un hombre estaba diciendo a sus amigos en una casa de té:-He prestado a alguien una moneda de plata, y no tengo testigos. Me preocupa ahora que niegue haber recibido alguna vez algo de mí.Los amigos le compadecían, pero un sufí que estaba sentado en una esquina levantó la cabeza de entre sus rodillas y dijo:-Invítale y menciónale en una conversación delante de estas personas que le prestaste veinte monedas de oro.-¡Pero yo sólo le presté una moneda!-Eso es exactamente lo que gritará - replicó el sufí - y todo el mundo lo oirá. Tú querías testigos, ¿no es verdad?

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El ladrón hábil

En un pueblo de la India había un hábil ladrón que robaba en todas las casas y jamás podía ser sorprendido. Era un verdadero experto. La gente de la localidad, desmoralizada, se reunió con el alcalde y le pidió que nombrase un policía, ya que no había ninguno en el pueblo y así el ladrón lograba actuar a su aire y sin ningún riesgo. El alcalde, comprendiendo el desánimo de las gentes del lugar, entregó un bando solicitando personas que se presentaran al puesto de policía. Solamente se presentó un candidato. Se trataba del ladrón y fue elegido policía.

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Hafiz de Shiraz

El poeta sufí Hafiz de Shiraz escribió este famoso poema: Si esa doncella turca, Sharazi, tomara mi corazón en sus manos,le daría Bujara o Samarcanda, por el lunar de su mejilla.Tamerlán el conquistador hizo llevar ante sí a Hafiz y le dijo:-¿Cómo puedes regalar Bujara y Samarcanda por una mujer? Además, se encuentran en mis dominios, ¡y no permitiré a nadie que insinúe que no me pertenecen! - Hafiz le respondió:-Tu mezquindad te ha dado poder. Mi generosidad me ha hecho caer en tu poder. Tu mezquindad es, obviamente, más efectiva que mi prodigalidad.Tamerlán dejó marchar al sufí.

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Fuente del Ser

Permite que la Fuente del Ser mantenga el contacto contigo: ignora las impresiones y las opiniones de tu "yo" ordinario.Si este "yo" te fuera de valor en tu búsqueda, habrías encontrado la realización para ti. Pero todo lo que puede hacer es depender de otros. Amin Suhrawardi

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Narain Gupta

Por un sinuoso camino y a gran velocidad, un hombre borracho conducía su coche. De repente, perdió el control saliéndose del trayecto, precipitándose  contra una charca pestilente.Varias personas, al ver el accidente, corrieron al lugar y ayudaron a incorporarse al conductor. No podía ocultar su borrachera cuando uno de sus auxiliadores le dijo:-Pero ¿es que no ha leído usted el célebre tratado de Naraín Gupta sobre los efectos perjudiciales del alcohol?El ebrio conductor sin dejar de hipar y tartamudear le dijo:-Yo soy Naraín Gupta.

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