Un tejedor persa de alfombras desafió a un maestro tejedor turco a una competición. Cada uno debía hacer la mejor alfombra que fuese capaz, de modo que un grupo de jueces pudiera decidir finalmente quién era el mejor tejedor del mundo. El turco era un filósofo cuya enseñanza durante muchos años se había resumido en esta frase: nunca rehúses, pero no compitas. De este modo aceptó el desafío diciendo:
- Debo proponer una condición, debido a la conocida disparidad entre tu trabajo y el mío.
- Sí, ciertamente - dijo el persa - estoy preparado para aceptar una desventaja.
- Muy bien - dijo el turco - la condición será que te doy una ventaja de salida de doce mil años.

 

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