Mulla Nasrudín estaba contando una historia a sus discípulos y de repente comenzó a llover. Uno que pasaba por allí, para protegerse, se  guareció bajo el cobertizo donde Nasrudín estaba hablando a sus discípulos.
Esperaba solamente a que despejará, pero no pudo evitar el escuchar lo que se decía. Nasrudín estaba narrando historias increíbles. En muchas ocasiones el hombre encontró casi imposible el resistir la tentación de interrumpir, tantos eran los absurdos que se estaban diciendo. Pero lo pensó una y otra vez y se dijo a sí mismo:
- No es asunto mío. Estoy aquí debido a la lluvia y tan pronto como se pare,  me iré. No tengo porqué inmiscuirme.
Nasrudín estaba diciendo:
- Una vez, cuando era joven, viajaba por las selvas de Africa, el continente misterioso. De repente un león apareció a unos cinco metros de mí. No tenía ni armas ni protección, estaba sólo en la selva. El león me  miraba fijamente y comenzó a dirigirse hacia mi.
Los discípulos estaban ya muy excitados. Nasrudín se detuvo por un instante y miró sus rostros. Un discípulo le dijo.
- No nos tengas en vilo,¿qué ocurrió?
Otro discípulo dijo.
- No te demores. Dinos qué sucedió.
Nasrudín dijo.
- Es muy sencillo, muy lógico, descubridlo por vosotros mismos. ¡El león se abalanzó sobre mí, me mató y me devoró!
En ese momento el forastero no se pudo contener.
- ¿Está usted diciendo que el león lo mató, se lo comió , y usted está todavía aquí vivo?
Nasrudín miró directamente al hombre y le dijo.
- ¿Acaso le llamas tu a esto estar vivo?

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